Extractos del libro: MATAR lo Libre. Reflexiones sobre la caza

Publicamos aquí una serie de párrafos sacados de forma aleatoria con la intención de dar una idea del contenido. Avisamos, pues, que el texto resultante no es ni completo ni homogéneo y está aún pendiente de ser ampliado, tarea que haremos a lo largo de las póximas semanas:

Benigno Varillas. 2019. “MATAR lo Libre. Reflexiones sobre la caza” La historia cinegética a través del Coto de Doñana. Comentarios a los prólogos a la caza de Ortega y Gasset (1942) y de Félix Rodríguez de la Fuente (1969). Madrid, 2019. 164 pp. 12×18,5 cm. 9,80 €. Edita: www.elcarabo.com

No forman un texto uniforme. Solo pretenden dar una idea del contenido del libro. Empieza con una cita sobre la caza del bisonte en el Paleolítico de Félix Rodríguez de la Fuente:

“En los ojos ambarinos de los cinco lobos que me rodean, quietos, enroscados en sus hoyos, leo un mensaje de lealtad que viene desde el fondo de las edades. (…) Apoyado en la roca de la pequeña cabaña, me miro en los ojos de mis seis lobos; Remo ha despertado ya. Allá abajo ladran mis perros de caza. Quizá han soñado con nosotros. Porque ellos también estaban allí, hace diez mil años, cuando matamos al bisonte.”

Estos párrafos, de un reportaje de ocho páginas que publicó Félix Rodríguez de la Fuente en la primavera de 1967, nos hablan de otro mundo. Tenía 39 años. Aún no era famoso. Por aquella época, no se hablaba del Paleolítico, menos de bisontes. El lobo como aliado sonaba a provocación. No para él, que era jefe de una manada. Crió y troqueló lobeznos para ser admitido en su seno. Observándolos, estudiándolos, soñando con ellos, llegó, lo mismo que con sus halcones y azores, a vislumbrar el pasado del hombre en la etapa en la que nuestra especie tuvo conciencia de formar parte de un todo.

(Félix Rodríguez de la Fuente. 1977. “El sueño de un lobo en una paz antigua”. ABC Blanco y Negro, pp.33 Madrid 6/05/1967. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1967/05/06/033.html)

Nota de prensa 1.
“MATAR Lo Libre”.
Reflexiones sobre la caza.

El ecologista Benigno Varillas sale en defensa de la caza en su último libro “Matar Lo Libre


La polémica entre defensores de los animales y cazadores vista desde una perspectiva rompedora

Fuimos cazadores paleolíticos hasta hace 9.000 años. ¿Qué cambió para que esta práctica ancestral sea ahora cuestionada? Este ensayo busca respuesta a la pregunta. Indaga en el origen de la caza. Repasa la sociedad humana paleolítica recolectora–cazadora. Analiza el cambio que supuso el Neolítico. Se aproxima a su desarrollo histórico, ilustrado a través del devenir del Coto de Doñana. Aborda la situación actual, analizada a partir de los célebres prólogos a la caza de José Ortega y Gasset de 1942 y de Félix Rodríguez de la Fuente de 1969. Desvela bajo qué condiciones un conservacionista puede estar a favor de la caza.

Los cazadores tendrán que recuperar su esencia para ser aceptados por una sociedad en la que crece la aversión a que se maten animales salvajes por placer, diversión o deporte, así como al ruido de los disparos de las armas de fuego y a la contaminación de sus cartuchos de plomo y plástico.
Una actividad cinegética que contribuya al proceso evolutivo, y no se limite al mero acto de matar, podrá tener el prestigio que los conservacionistas otorgan a los depredadores salvajes y al recolector–cazador paleolítico. Prácticada con arco y cetrería, por conservacionistas que la ejerzan cumpliendo las reglas de la depredación, deberá ser aceptada y valorada por la sociedad digital del conocimiento.
Volver intelectualmente a los orígenes permitirá la repoblación rural con naturalistas–cazadores que conecten al ser humano tecnológico con la vida silvestre a través de Internet. Estas comunidades permitirán en la España vacía una población no destructora de la naturaleza. Los nuevos rurales vivirán de desarrollar sus profesiones con el teletrabajo y la retransmisión en directo del pulso vital de la vida no domesticada. Aprovechar los alimentos no cultivados ni criados artificialmente será parte de sus tareas. En ellas la caza será una de sus funciones, a desempeñar junto con el resto de los depredadores, a los que se deberá ver como aliados y no como enemigos, como actualmente ocurre.

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No recordamos. No somos capaces ni de soñar nuestra etapa primigenia. La hemos olvidado.
La Era Digital Oscura. Desde que existe la escritura, mucha de la información que se genera en la actualidad no es, o no será, accesible al desaparecer o estropearse el aparato o el software que permite abrirlos. La alerta de que estamos provocando una “Era Digital Oscura” fue lanzada por el estadounidense Vint Cerf, uno de los padres de Internet. Advierte del peligro del hardware y del software obsoleto. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150213_tecnologia_era_oscura_digital_lv

Hace miles de años se llevó a cabo el borrado de información más grave nunca jamás producido, la pérdida total de la memoria guardada digitalmente durante milenios por la especie humana.

El agujero negro que provocó el Neolítico domesticador al destruir el Paleolítico indómito, cambio el mundo de lo libre a lo esclavo. Nos desconectó del pasado. Acabó con la información de la Prehistoria. El borrado de la transmisión oral, que es el medio de comunicación que funcionó en la Prehistoria, generó la amnesia colectiva que aún perdura. No quedó rastro de la cultura de la palabra hablada.

Quien vive en un agujero negro ignora estar en él. Ni puede, ni quiere salir del mismo. Es el mundo que conoce. Ser ignorado es como no haber existido. La omisión de los hechos es la pena más cruel que se puede infringir a lo que fue y una grave privación a lo por venir. Hasta hace poco más de un siglo se ignoraba incluso que hubiera habido una etapa de la humanidad anterior a la de los últimos seis milenios. Pero Homo sapiens existe desde hace 310.000 años como especie libre y salvaje

A pesar de los avances de las telecomunicaciones, la capacidad cerebral que se pudo haber alcanzado en el Paleolítico no se ha recuperado, pero lo hará.

Nota de prensa 2

Los neolíticos anularon la información paleolítica al 
matar a los cazadores y domesticar a sus hijos



La Era Oscura Digital del software obsoleto, ocurrió ya hace 7.000 años por primera vez

La domesticación de animales y humanos, implantada por pastores neolíticos de Asia, anuló al cazador–recolector. Matar a los hombres, esclavizar a sus mujeres y usar a los niños como mano de obra, interrumpió la transmisión de la cultura oral paleolítica. La información guardada en la memoria se perdió. Provocó la amnesia de la humanidad. Un problema como el que hoy ocasiona la información digital almacenada en programas y soportes obsoletos.

La diferencia entre el desastre contemporáneo y el que acarreó la era neolítica, es que la pérdida ocasionada por el software actual afecta solo a información generada y guardada en las tres últimas décadas, mientras que la memoria anulada hace 7.000 años fue toda la acumulada en miles de años de evolución. La cultura paleolítica almacenaba la información en el cerebro de los seres humanos.
La transmisión oral permitía grabar en “copias de seguridad” la información almacenada en los circuitos digitales neuronales de los paleolíticos. Se hacía en interminables charlas alrededor del fuego. La cultura oral estaba basada en un modelo económico en el que a los seres humanos les bastaban dos días a la semana para acopiar el alimento que necesitaban, dedicando el resto a charlar, danzar y cultivarse. Al ser substituido este modelo por el de la condena a “ganar el pan con el sudor de la frente” la información acumulada se perdió en un muy pocas generaciones.
Una de las consecuencias del agujero negro fue olvidar el significado de la caza. Al dejar de estar integrado en la urdimbre de la vida, el cazador pasó de cazar a matar. De respetar y admirar a la presa, asimilando su energía con sentido espiritual, se pasó a cazar por diversión, a la perversión humana de sentir placer matando.
El libro “Matar lo libre, reflexiones sobre la caza” publicado por Benigno Varillas en el Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio de 2019, alerta de que sería un grave error prohibir la caza y los toros, sin diferenciar y salvar de la quema su esencia original que nada tiene que ver con las formas degradas de esas actividades.
La depredación es el motor de la evolución. La especie humana forma parte de ella. El Neolítico destruyó la cultura paleolítica e interrumpió la transmisión oral. Se generó una amnesia colectiva y se olvidó hasta que había existido el Paleolítico. A finales del siglo XIX se aceptó la existencia de un ser humano anterior al descrito por la Biblia, pero es a día de hoy que no hemos sabido desentrañar el pensamiento original de la especie humana que durante sus primeros 300.000 años fue paleolítica y solo desde hace 7.000 años vive inmersa en la domesticación de los seres libres salvajes, incluido en ellos Homo sapiens.

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“Es una vergüenza que no estén un poco aclarados los enigmas de la domesticación”, afirmó José Ortega y Gasset en 1942.

No estaban tan equivocados los creacionistas. Es completamente cierto que fuimos “creados” hace seis milenios a imagen y semejanza de “un Dios”, tiempo transcurrido desde que ese, al que ahora llamamos así, nos domesticó y troqueló. Un avispado y renegado cazador paleolítico. Nos parecemos tanto a él como que somos sus descendientes.

Félix Rodríguez de la Fuente falleció sin lograr su propósito de restaurar en nuestro cerebro la copia de seguridad del legado ancestral que portaba. Pero cargó en nuestras mentes el mensaje que encierran los animales salvajes y la humanidad previa al Neolítico.

Nuestra arquitectura mental primigenia, llegó a ser la adecuada. ¿Pudo parecerse, hace más de 10.000 años, a la que necesitamos alcanzar para encontrar la clave de la transición ecológica a un modelo de sociedad sostenible?

Nota de prensa 3

Las Cortes del Reyno de Castilla reunidas en Sevilla en 1252
dictaron medidas para perseguir a los cazadores epipaleolíticos


La Caza fue un privilegio reservado a la nobleza que hoy comparten medio millón de españoles

Desde el inicio del Neolítico, que domesticó animales, plantas y humanos, la caza fue declarada privilegio de la élite dominante. Durante 7.000 años los epipaleolíticos o cazadores salvajes que sobrevivían rodeados de labriegos fueron desapareciendo. Con la Reconquista de los cristianos se endureció la vigilancia y las represalias contra quien capturara un animal salvaje. La cetrería se legisló con detalle. Capturar rapaces, conllevaba fuertes sanciones. Un azor entrenado para la caza de garzas valía seis bueyes.

A medida que la ganadería y la agricultura ocupó el territorio, no solo los que nunca dejaron de ser hombres libres perdieron sus cazaderos ancestrales. También los amos de lo domesticado, la nobleza que se adueñó de la tierra, que cuando no guerreaba se dedicaba a las prácticas venatorias –todo era lo mismo, aniquilar y hacer sangre– vieron que se reducían las presas. La destrucción de los ecosistemas naturales mermaba las poblaciones de la especies salvajes que cazaban. El placer de matar se les podía acabar.
Alfonso X acababa de invadir el reino hispano–musulmán de Niebla, en Huelva. Tras asaltar la plaza fuerte y doblegar a sus habitantes, los cazadores conquistadores –que amasaban reinos sin dejar de montear y volar halcones, mientras siervos y esclavos doblaban la cerviz en la agricultura y estaban atados a su ganado– recorrieron el nuevo territorio y dieron con la maravilla de las maravillas, las marismas de Cartaya, del Tinto, del Odiel y de las Rocinas, hoy denominadas Espacio Natural de Doñana. Las Cortes de Sevilla dictaron medidas en 1252, al poco tiempo de arrebatar los cristianos los territorios de ese reino a los hispano–musulmanes:
“Todo omme que fallare vezino estraño en nuestro término tomando açores o falcones o gavilanes, préndalo (…) “Otrossí, mando que non tomen los huevos a los açores, nin a los gavilanes, nin a los falcones. Et que non saquen nin tomen açor nin gavilán del nido fata que sea de dos negras. Et los falcones que non los tomen fata mediado el mes de abril. Et que nenguno non sea osado de sacar açor nin falcón nin gavilán de mios regnos si non fuere con mio mandado. Et el que sacare qual ave quiere destas de los Regnos, que peche el ave doblada et peche demás en coto por cada ave. Et el que tomare açor o falcón o gavilán, o huevos contra este mio coto sobredicho, quel’ corten la mano diestra. Et si otra vegada gelo fallaren quel’ enforquen. Et si non oviere el coto sobredicho que yaga en mi prisión quanto fuere mi merçet.”

Unas 700.000 personas con licencia de caza abaten hoy 30 millones de animales cada año en España. Son los que se han quedado con los cotos del hombre paleolítico que se extendían libres por todo el territorio nacional.

Hace 10.000 años éramos menos de diez millones de individuos. Como si los andaluces –ocho millones– o los catalanes –7,5 millones– fueran los únicos pobladores del mundo y dispusieran del Planeta para ellos solos. Una retícula liviana de un millón de grupos humanos de diez individuos cubría la Tierra hace 9.000 años. Hoy quedan unos pocos de miles de recolectoras–cazadores.

La arquitectura mental paleolítica es la que corresponde al humano verdadero. No obstante, lo que nos debiera ocupar no es si pudo haber o no el buen salvaje, sino si podremos llegar a serlo.

Nota de prensa 4
Duque de Medina Sidonia, Alonso Pérez de Guzmán y Ana Gómez de Silva 1564. Góngora 1607. Cacería real en 1624 con Juan Manuel (Pendiente de redactar)

¿Cómo fuimos, antes de que las invasiones de pastores guerreros de las estepas del Este de Europa y de Asia Menor nos arrancaran la cultura magdaleniense y nos troquelaran a sangre y fuego la idiosincrasia neolítica?

Los paleolíticos que aún quedan, altamente sensibles y respetuosos con la vida, sacralizan lo que les rodea, las presas, los depredadores, el agua las montañas, las fuerzas de la naturaleza. Son materialistas liberados de la materia. Su vida transcurre en un saber estar ante el fenómeno vital.

Los humanos magdalenienses de Altamira pudieron tener características que los pueblos paleolíticos que aún existen no desarrollaron o perdieron.

El mito del buen salvaje es denostado. Ha sido, y es, duramente vapuleado. Pero los argumentos de sus críticos son tan sesgados como los de los seducidos por la idea del hombre bueno.

Nota de prensa 5

Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, 13ª duquesa de Alba,
(1762–1802) coqueta, caprichosa y amante de lo salvaje


La duquesa de Alba y el pintor Goya vivieron
una historia de amor en Doñana

Un Goya de 53 años conquistó en 1795 el corazón de una treintañera, la Duquesa de Alba, Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, coqueta, caprichosa y amante de lo salvaje. Cayetana quiere a Goya para ella sola, que la pinte una y otra vez. Y lo consigue. Juntos viajan a Gredos y Doñana. Buscan el arte en la vida salvaje y la vida salvaje en el arte.

En 1794 el aragonés escribe a un amigo: “Mas te balia venirme á ayudar a pintar a la de Alba, que ayer se me metió en el estudio a que le pintase la cara, y se salió con ello; por cierto que me gusta más que pintar en lienzo, que también la he de retratar de cuerpo entero”.
“Goya se entusiasma con aquella mujer bonita, coqueta, inquieta, fantástica y lunática. (…) El arte de la coquetería, unido al del ejercicio de la autoridad, le venía de casta. (…) El amoroso arte de birli y birloque, de darse y no darse, de entregarse y de negarse a la par, de tirar la piedra y de esconder la mano, de danzar al modo de la salamandra, en la hoguera sin quemarse más de lo querido y lo debido, fue para ella una práctica impune de alto estilo, respaldada por un fuerte valladar de orgullo de raza, que establecía automáticamente la perspectiva de las distancias, pero actuando de manera tan natural como el ritmo de la propia respiración”, como la definió en 1933 Juan de la Encina.
Cayetana tenía 34 años enviudó. Ya antes la asediaban los varones. Al quedar libre, su corazón fue para Goya. El pintor contaba 54 años, casi veinte más que ella. En 1796, Cayetana emprendió un viaje con Goya por sus paraísos naturales, como Gredos, donde la duquesa “Monta a caballo, va de caza, tira a los venados, cervatillos, corzos, cabras hispánicas, con alegría pagana al disparar, y con remordimiento franciscano cuando su escopeta abatía certeramente a esos animalillos”, comenta de la Encina.
Vivieron una historia de amor hasta que ella puso fin al ensueño. Goya no soportaba verla coquetear con todo varón joven y apuesto que se cruzaran. En aquellas veladas, mientras ella no paraba de platicar con el último que la maravillara, sintiéndose abandonado, se excedía en la manzanilla su lengua se soltaba con lo que ella no quería oír. Le costó apartarle de su vida, aunque nunca dejó de quererle.
Del viaje que hizo a Doñana con el pintor, en 1796, quedaron las escenas íntimas del “Cuaderno de Sanlúcar”. En uno de ellos Cayetana señala hacia una frase en la arena que dice: “Solo Goya 1797” y, junto al anillo ovalado exageradamente grande del dedo del corazón, el del índice lleva grabado: “Alba Goya”. Benjamín Ventura dijo del idilio de Cayetana con Goya: “Pocas veces una pasión habrá tenido un movimiento artístico tan reiterado y hermoso como el de estos dibujos: la duquesa enferma; la duquesa en el retrato de la mantilla negra; ya viuda y con la ilusión del momento; «solo Goya»; la duquesa con los brazos en alto; estirándose una media en el lecho; escribiendo con su amplia cabellera sobre la espalda; envuelta en una bata; desnuda junto a una fuente; con la negrita María Luz; desfallecida en brazos de un militar; o en ese ceñido talle que le lleva por la calle de la amargura.”

El humano paleolítico fue un ser salvaje más. No en el sentido de inculto y atrasado, sino todo lo contrario, en el de un ser libre integrado en la urdimbre de la vida.

Los paleolíticos eligen emplazamientos de gran belleza para acampar. Lugares mágicos, llenos de energía. Consiguen lo que necesitan allí donde recalan. Encuentran alimento en todas partes. Les basta un día a la semana para aprovisionarse y tienen seis para el ocio y cultivarse. Hacen al instante herramientas, fuego, refugios. Se adaptan. No acumulan. No obligan a nada a sus hijos. Los niños se educan solos, por impregnación. Aprenden haciendo, jugando.

Nota de prensa 6. Desamortización Mendizabal 1834 y Madoz en 1855
(Pendiente de redactar)

Cuando pintamos Altamira, los españoles no llegábamos a cien mil individuos. Organizados sin jerarquía y en matriarcados, en el Paleolítico observábamos un estricto control de la natalidad.

En el Paleolítico veíamos, oíamos, palpábamos, olíamos y andábamos mejor que ahora. Una constitución atlética, gracias a la dieta y al ejercicio constante. Acumulábamos la información en el cerebro. La retransmitíamos con la voz, sin la pérdida de fuerza que implica la lectura.

La cultura oral desarrolla la memoria y el procesamiento de datos. También el rastreo de huellas y la observación de los cuerpos celestes.

Los paleolíticos, al no trabajar, disponían, como los atenienses clásicos, o la nobleza de la Ilustración, de todo el tiempo del mundo para cultivarse.

Nota de prensa 7.
Mesa en la que amortajaron los de la CNT a Durruti 1936
(Pendiente de redactar)

Los artistas de La Pileta, Parpalló, Penches, Candamo, Altamira, Ekain o Chauvet almacenaban datos en la cabeza como hoy atesoramos en libros y ordenadores. Los paleolíticos de Tierra de Fuego manejaban como mínimo 32.000 palabras en su vocabulario Cervantes usó 23.000 palabras en El Quijote. La mayoría usamos hoy menos de 10.000.
Los paleolíticos fueguinos tenían nombres diferentes para cada detalle y situación abstracta y eran capaces de retenerlos y manejarlos en su memoria. Decía el misionero británico que los conoció, que la riqueza lingüística y memoria prodigiosa de antes del Neolítico se debía a que los niños pasaban mucho tiempo escuchando a unos y otros.

Nota de prensa 8
Prólogo de José Ortega y Gasset, 1942
(Pendiente de redactar)

Cuanto más aumentaba la tribu del Sátrapa que nos creó a su imagen y semejanza, más tenía que seguir creciendo y saqueando sus descendientes para no quebrar. Seguimos igual.

Hordas de pastores guerreros llegados a España de las estepas asiáticas, mataron hace 7.000 años a los hombres paleolíticos, esclavizaron a las mujeres e implantaron el Neolítico.

Quedan un centenar de pueblos no contactados que nos rehuyen. Los paleolíticos que llegaron a nuestros días son los que habitan partes remotas, extremas, menos favorecidas, las que les dejamos.

La extinción del Homo sapiens primigenio puro que queda, está a punto de consumarse. Se prevé desaparezca antes de una década, si nadie lo impide –tú por ejemplo– .

En los últimos diez milenios el Mundo pasó de un humano cada 1.500 hectáreas a uno cada dos hectáreas. Pero lo peor es que un paleolítico consume –en leña, grasa– una cantidad de energía equivalente a un barril de petróleo al año, mientras que un neolítico moderno consume cincuenta.

Nota de prensa 9.
El último paleolítico español, el padre de Luís García, contratado por Valverde como anillador de la Estación Biológica de Doñana del CSIC
(Pendiente de redactar)

Miles de años antes de que alguien decidiera esclavizar lo libre, ya manteníamos simbiosis con otras especies, sin domesticarlas ni esclavizarlas. Hace 30.000 años establecimos la alianza con el lobo. Libre y salvaje colaboraba con nosotros en la caza. Se convirtió en perro muchos miles de años después.

Los cazadores paleolíticos no entendían ni respetaban lo de “prohibido el paso”, “propiedad privada”. Seres libres inmersos en la urdimbre de la vida indómita y los agentes naturales, se les declaró proscritos. Se les persiguió y aniquiló como a los demás animales salvajes.

El paleolítico renegado de su cultura surgió al mismo tiempo en diferentes zonas del mudo. Una misma respuesta al cambio climático que propició la domesticación e introdujo el Neolítico.

Los neolíticos afrontan los problemas que genera el crecimiento creciendo más. Trasladan al futuro las consecuencias de esquilmar los recursos y endeudan e hipotecan a las próximas generaciones.

Queremos que se mantengan las subvenciones a los grupos ecologistas para concienciar a los ya concienciados. Queremos repetir campañas sin pasar a solventar problemas. Queremos que la PAC siga dando primas, para mantener sistemas de producción obsoletos de ganadería y agricultura en zonas marginales. Queremos que “por ser hijos del pueblo” acceder gratis a la caza y la leña, etc. etc.

Nota de prensa 11
Prólogo de Félix R. de la Fuente, 1969
(Pendiente de redactar)

Con el Neolítico se expandió el miedo, el salitre, la salina, la sal, la salmuera, el salazón, el salario, el asalariado, la desazón. La caza, el sagrado trasvase de energía de unas especies a otras, se desvirtuó. Se convirtió en la aniquilación de todo lo silvestre. Los grandes herbívoros salvajes, como bisontes, uros, tarpanes, encebros, se masacraron por consumir y mermar el pasto de los herbívoros domésticos o dañar los cultivos.

Los depredadores, incluido el cazador paleolítico y su más fiel amigo, el lobo, fueron condenados al exterminio. No se admitía ninguna competencia. matar lo salvaje, lo libre, se convirtió en diversión reservada a los elegidos. Podían cazar, el Sátrapa domador, sus hijos y los nobles que mejor le sirvieran.

Nota de prensa 12
Las botas de Sanlúcar
(Pendiente de redactar)

Salirse de las reglas de funcionamiento del Universo que rigen la materia y la energía –esas sí que son leyes– lleva pareja la autodestrucción que tarde o temprano implica la ineficiencia. Le toca a nuestra generación arreglar el Neolítico. Huir hacia adelante no sería ya una buena idea. Igual no es posible.

Nota de prensa 13
Personaje más importante de los que conoció en su vida, decía Félix, fue un pigmeo
(Pendiente de redactar)

En el Neolítico la caza fue declarada privilegio de la élite dominante. Endurecieron la vigilancia y las represalias contra el furtivo que capturara un animal salvaje. Reyes y nobles ordenaron en su testamento ser enterrados en la capilla del monasterio al que habían cedido su coto favorito, cerca de los halcones, los azores, los osos y los venados.

La raza merina, proporcionaba paños de fina lana y su cría se convirtió en “Secreto de Estado”. Exportar ejemplares vivos se penaba en el siglo XV con la muerte. La nobleza medieval se enriquecía con las ovejas pero su felicidad la encontraba yendo detrás de lo libre, como habían hecho sus antepasados cazadores paleolíticos.

La cetrería se legisló con detalle. Capturar aves rapaces, o recoger sus huevos, conllevaba fuertes sanciones. Un azor mudado y entrenado para la caza de garzas valía lo mismo que seis bueyes domados. Las Cortes de Sevilla dictaron medidas en 1252 para que la nobleza monopolizara la caza: “Todo omme que fallare vezino estraño en nuestro término tomando açores o falcones o gavilanes, préndalo. (…) Al derredor de los dichos palacios del Lomo del Grullo, ni cacen de noche nin de dia puercos, nin ciervos, nin liebre, nin conejo, ni otras algunas salvajinas, nin cacen con falcone nin con otra cosa alguna perdiz, ni garza ni abutarda ni lechuza ni alcaravan nin grua nin lavanco ni martinete”.

Nota de prensa 14
Alfonso Urquijo 1994
(Pendiente de redactar)

Más información en el libro:

Benigno Varillas. 2019. “MATAR lo Libre. Reflexiones sobre la caza” La historia cinegética a través del Coto de Doñana. Comentarios a los prólogos a la caza de Ortega y Gasset (1942) y de Félix Rodríguez de la Fuente (1969). Madrid, 2019. 164 pp. 11,5×18,5 cm. 9,80 €. Edita: http://www.elcarabo.com w