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Reflexiones sobre la caza

«MATAR LO LIBRE», nuevo libro de Benigno Varillas. Junio, 2019.

La historia cinegética a través del Coto de Doñana.
Comentarios a los prólogos a la caza de José Ortega y Gasset en 1942 y el de Félix Rodríguez de la Fuente en 1969

El ecologista Benigno Varillas sale en defensa de la caza con la obra «Matar Lo Libre», Reflexiones sobre la caza.

La actividad cinegética ha de recuperar su esencia si pretende ser aceptada en el futuro.


Esta obra analiza el prólogo a la caza del filósofo José Ortega y Gasset (1942) y el que hizo el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente (1969), ensayos que cobran toda su dimensión en el contexto de esta nueva obra.


Fuimos cazadores paleolíticos hasta hace 9.000 años. ¿Qué cambió para que esta práctica ancestral se cuestione ahora? Este ensayo busca respuesta a esa pregunta. Repasa la sociedad humana paleolítica, recolectora–cazadora. Analiza el cambio que supuso el Neolítico. Indaga en la historia de la caza y su papel en la Sociedad digital de la Información y del Conocimiento.


Una revisión de un tema complejo, abordada con postulados hasta ahora ignorados. La polémica entre los defensores de los animales y los cazadores, vista desde otra perspectiva.

Solo a la venta en la web www.elcarabo.com

164 páginas. 11,5×18,5 cm. 9,80 €

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Biografia de Félix Rodríguez de la Fuente. Primera Edición: ¡milagro, milagro!

Ha aparecido en nuestro almacén una caja de libros con unos pocos ejemplares de la PRIMERA EDICIÓN, agotada y descatalogada desde hace años, de la Biografia de Félix Rodríguez de la Fuente, lo que nos permite volver a ponerla a la venta. Lo hacemos respetando el precio al que se pujó en la subasta de uno de estos últimos ejemplares, que organizamos para desprendernos de los últimos tomos que nos quedaban y, con ello, pedir apoyo para continuar la labor de redactar y editar futuras ampliaciones de esta obra.

PARA ADQUIRIR UN EJEMPLAR, PULSA AQUÍ.
Pasa esta información y coopera con el autor en su empeño por desentrañar y difundir el mensaje que encierra la obra y la vida de Félix.

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¡¡La reina ha muerto!!

Promociona del Carabo con este texto:

¡¡La reina ha muerto!!
Regicidio brutal y con ensañamiento…

¿Quién ha sido? 🤔🤨🙄

Todas las respuestas en el número 83 del Cárabo

Números 80, 82 y 83: “El Diario de la Reina de los Avispones”.
La fascinante vida de este gigante de casi 4 cm, el avispón europeo (Vespa crabro).
Tres numeros apasionantes: pidelos aquí o enviando un email: [email protected]

Incluye estos «hashtag» en tus post: #cárabo #carabo80 #carabo82 #carabo83  #lareinahamuerto
​a compartir…..
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Revista El Cárabo en el MadBird del Paseo del Prado de Madrid

¡Llamamiento a los amigos de la revista El Cárabo y los CPNs!

Necesitamos apoyo y presencia…
Este 8, 9 y 10 de Junio de 2018 la Revista de la Naturaleza El Cárabo y CPN Alerce tendremos un puesto en el MadBird en el Paseo del Prado (Madbird fair), en Madrid, en horario de 12:00 a 20:00, el viernes y el sábado y de 12:00 a 14:00 el Domingo.
Tendremos nuestra exposición, regalos, cuadernos de la colección y la posibilidad de ayudarnos a seguir conociendo y protegiendo la naturaleza.
El sábado 9 de a la 17:15 habrá una presentación de la Revista el Cárabo en la carpa central, os esperamos a todos. (Traer a vuestras amistades).
La Exposición «La Naturaleza Cercana» estará también durante los tres días en la carpa de actividades.
Necesitamos vuestro apoyo para que esta actividad sea un éxito, os esperamos…
….y no olvides compartir este mensaje…
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Avispones buenos y malos

Contrariamente a la leyenda, los Avispones son animales pacíficos, no molestos para los Humanos y muy útiles por el número alucinante de insectos que hacen desaparecer (el equivalente al trabajo de varias familias de pájaros carboneros o herrerillos).

En Alemania, el Avispón está protegido por la ley desde 1987, rotundamente. En otros países como Francia, España y Portugal se continúa destruyendo sus nidos, incluso aunque no representen ningún peligro. Y desde que llegaron los Avispones asiáticos …ha sido catastrófico. No solo estos recién llegados se instalan en su territorio, sino que las trampas que se les pone para atraparlos capturan  – casi mayoritariamente– Avispones europeos.

Mientras tanto, cada vez desaparecen más y más árboles viejos y los pobres Avispones europeos encuentran cada vez menos árboles en los que anidar.
(“El diario de la Reina de los Avispones», publicado por entregas  en la revista El Cárabo números 80, 82 y 83, en 2018).

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La comunicación de los insectos sociales

“Ya os imagináis que si logro dar órdenes a las obreras sin dirigirles la palabra…es que tengo un secreto. No os extrañó el otro día ver cómo súbitamente me rodeaban con veneración y casi me adoraban como si me hubiera convertido en el Dios Sol personificado?

¿Acaso no os preguntáis, cómo logro, de un día para otro, y con un simple chasquido de dedos, que empiecen a hacer celdas mayores?

Por supuesto que tengo un secreto. Pero con vuestro permiso me lo voy a reservar. Los especialistas ya han descubierto que emito unas feromonas, es decir una especie de producto químico que influye en las decisiones de mis obreras. Pero tengo otras cartas en mi bolsillo –y francamente buenas– os lo aseguro. Ahora, si los científicos se creen que voy a desvelar aquí todo y que les bastará con comprarse la revista El Cárabo para hacerse sin esfuerzo con todas las explicaciones de los pequeños misterios de mi vida… ¡están listos! ¡Qué trabajan un poco, esos vagos! Con tiempo y mucha paciencia, estoy segura de que acabarán por comprender –tarde o… temprano– bastantes cosas.”

(“El diario de la Reina de los Avispones», publicado por entregas en la revista El Cárabo 83, de enero de 2018).

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Dar a conocer la naturaleza cercana

Dar a conocer la naturaleza cercana que nos rodea descubriendo las maravillas que no vemos por no saber cuándo, dónde y qué mirar, es la tarea que realiza en España, desde hace 36 años, la revista semestral #elcarabo (www.elcarabo.com), versión en castellano de la publicación francesa La Hulotte.

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Cómo diferenciar el avispón bueno del malo

Excepcionales dibujos de avispas:

El benéfico avispón europeo «Vespa crabro«.

El maléfico avispón asiático «Vespa velutina«

para que no vuelvas a confundirlos jamás .

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¡Mira al cielo! ¡Han llegado los vencejos!

 

Ilustraciones: Pierre Dèom

Todo sobre los vencejos
en los cuadernos
El Cárabo nº 66 y 67

Este post reproduce textos de la biografía de Félix Rodríguez de la Fuente (Ver: «La estirpe de Los Libres», pp. 104-107) y dibujos y notas de la obra de Pierre Dèom, que dedica dos deliciosos cuadernos El Cárabo al sonajero que arrulló de pequeño al añorado Félix en su cuna, como el mismo nos relata en esta página.

Felisín y los vencejos

Colocamos a continuación extractos del libro de la biografía de Félix Rodríguez de la Fuente intercalados con su voz de, como si fueran «leídos» por el mismo biografíado (en realidad es al revés, nos los dejó grabados), e ilustrados con algunos dibujos de Pierre Dèom de sus cuadernos del Cárabo dedicados al vencejo.

Páginas 43 a 47 de la biografía de Félix Rodríguez de la Fuente:

«Los padres de Félix acomodaron a su bebé el 14 de marzo de 1928 en que nació en una habitación bajo el alero del tejado. Él mismo lo narró, 45 años más tarde:

“Pasaban las bandadas de los rapidísimos y oscuros pájaros lamiendo las paredes de yeso con las vigas al aire de las casas de Poza de la Sal.»

Fueron los vencejos el sonajero que tuvo Felisín hasta su quinto mes de vida. No sabían sus padres que aquellos seres alados estaban troquelando un alma destinada a difundir a los cuatro vientos el mensaje de la existencia. Probablemente detectaran que el que acababa de nacer iba a saber leer el código secreto que encierran.

Las acrobacias de los vuelos rasantes en las calles acompañaron al bebé hasta los últimos días de julio. Sólo años después averiguó el porqué del silencio que se produjo a mitad de verano. Por esas fechas, los vencejos emigran a sus cuarteles de invierno en África. La ausencia de los seres rebosantes de vitalidad, provocaron una añoranza que le acompañaba cada vez que un bando sobrevolaba su cabeza, e invariablemente se preguntaba: ¿De dónde vienen? ¿A dónde van?. Así lo narró:

“Si yo me pusiera a analizar entre las vivencias de mi infancia neolítica, de pueblo agrícola y pastor de la provincia de Burgos, de pueblo colgado de las agrestes laderas que bajan desde el más alto páramo de la Península. En mi infancia feliz, construida sobre historias de lobos, vuelos de águilas, sobre mirar y admirar atónito a las criaturas que constituían mi entorno, uno de los personajes que nunca podré olvidar es el vencejo.»

«Los vencejos, en aquellas casas medievales, viejas, preciosas, maravillosas, que yo pienso que no se cómo se puede permitir que se deterioren, de la villa de Poza de la Sal. En aquellas viejas tejas, en las vetustas fachadas, llenas de oquedades, de resquicios, de rinconeras, se metían los vencejos de manera llamativa cuando con ojos atónitos les contemplaba en mi infancia.»

«Decíamos entonces los niños que ‘había boda’ entre los vencejos, porque aquellos grupos numerosos, chirriantes, como ebrios de luz, de vida, de libertad, levantando su vocerío incalculable, nos recordaban a nosotros a las bodas de mi pueblo, que tampoco eran mancas, donde otra turbamulta, no precisamente ornítica, atravesaba las calles y las plazuelas a los acordes de las bandas de música. Las bodas del vencejo. Cuántos ratos, tendido con el vientre al sol en las eras de mi pueblo coronadas por viejas tejas en las que se metían los vencejos.»

«Yo me olía que los vencejos se traían algo entre alas. Me parecía que aquellos pájaros chirriantes, velocísimos, que se perseguían en el aire y a los que resultaba muy fácil ver, por ejemplo, desde la claraboya de mi casa, que dominaba muchos tejados, debían ser distintos a aquellos otros pájaros de villorrio, de menos alcurnia, como los gorriones, incluso los pinzones y las bonitas lavanderas, que se posaban con frecuencia y movían con relativa torpeza sus cortas alas. No tenían nada que ver con el rápido, raudo, fascinante y velocísimo vuelo de los vencejos, que no se posaban jamás. Que se limitaban a entrar en tromba para colarse bajo las tejas viejas cubiertas de líquenes y de gloria o en las grietas de la muralla de Poza de la Sal.»

«Ya de muy pequeño aprendí que los vencejos cazan moscas y mosquitos, y también pequeños coleópteros voladores. Porque, en ocasiones –llevados por una tendencia casi inevitable en el niño rural español, que seguramente era un eslabón más en una vieja cadena cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, que es la tendencia depredadora».

En pueblos tan ricos en vida como los de la España rural, en un pueblo donde los niños de la escasa clase media merendábamos pan con mantequilla, azúcar y moscas, esta particularidad de que los vencejos se alimentaran de aquellos molestos insectos, hizo cobrar a estas aves una entidad todavía más importante y sofisticada ante mis ojos infantiles. De alguna manera, trataban de librarnos de las moscas, cosa que ya es decir, y de agradecer, en un pueblo de Castilla.“

Vencejos Arqueros del cielo

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